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	<title>CADAL - MUNDOS DEL SUR</title>
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	<description>Mirando mi mundo desde el Centro, el Bajo...</description>
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		<title>RASCANDO CIELOS (cuento)</title>
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		<pubDate>Thu, 14 May 2009 21:40:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cadal</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Rascando cielos Justo me agarra la tormenta cruzando el parque. La tardecita era hermosa, una pequeña brisa, dar la vuelta al parque Centenario… Decidí cruzarlo. Para qué. No habré hecho cinco pasos desde la vereda de Diaz Velez y se desencadena una furibunda tormenta tropical , el agua cae para arriba, las hojas huyen despavoridas, [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=cadal.wordpress.com&amp;blog=1606676&amp;post=187&amp;subd=cadal&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Rascando cielos</strong><em></p>
<p>Justo me agarra la tormenta cruzando el parque. La tardecita era hermosa, una pequeña brisa, dar la vuelta al parque Centenario… Decidí cruzarlo. Para qué. No habré  hecho cinco  pasos desde la vereda de Diaz Velez y se desencadena una furibunda tormenta tropical , el agua cae para arriba, las hojas huyen despavoridas, el viento se revuelve histérico… Bueno, hago lo que siempre digo que me gusta hacer, pasear en medio de una tormenta de verano. La sensación es inefable, uno se siente minúsculo y a la vez poderoso enfrentando a los elementos.<br />
Repentinamente –no habré hecho cincuenta metros- la tormenta concluye, el día rebobina hasta quedar como antes, sólo que el piso está tapizado de hojas y yo empapado. Y ahí, delante de mí, un chico sacudiéndose como hacen los perros cuando están mojados. No llega a dos años. Es lo más parecido a un querubín, si no fuera que viste pantalón y remera colorinches y absurdamente grandes, como se usan ahora, unas zapatillas deportivas de tres pisos y en vez de arco y flecha porta una palmeta, de esas que se usaban, creo, para rascar la espalda.<br />
—¡Hola! –le digo, buscando un tono casual para no ahuyentarlo, pobrecito, sólo en medio de la tormenta. Nada. Sigue caminando, pasa al lado mío, como si yo fuera de piedra-. ¿Te perdiste?¿Adonde está tu mamá?.<br />
Se detiene. Mira a mi alrededor. Luego me mira a mí. Se mira. Me mira.<br />
—¿A mí me estás hablando? –Le hago un gesto afirmativo- ¿Me ves? –Otro gesto mío,<br />
—Claro que te veo. Por eso te pregunto.<br />
—Puta madre! ¡Otra vez la unidad de poder! Un día de éstos me van a dejar incomunicado, en un rincón del universo, y me van a echar la culpa a mí, por falta de service. ¿Ese es un celular? Préstámelo. ¿Esto es un celular? Ni a la nebulosa de Andrómeda llegan con este cacharro, sin ofender, claro<br />
Sin que yo pudiera salir de mi pasmo, toma mi celular, lo desarma, lo junta con el suyo (creo). -¡Hola! ¿Hermes? Cargame la fuente, viejo. O si no, mandame una. Estoy aquí, planeta $%&amp;32. Enseguida voy. Unos pases de mano y me devuelve, entero, a mi celular, ese con el que pierdo onda más allá de Rosario.<br />
—¿Quién sos?¿Qué hacés aquí? ¿Venís del Paraíso, del Olimpo?<br />
Me miró con compasión. Bueno, yo no tenía la culpa de que se hubiera vuelto visible.<br />
—Vos elegí la explicación que prefieras. Yo te cuento una, la mía. Trabajo para un astroteniente poderosísimo, 3000 galaxias. Yo le cuido los parques (los planetas con vegetales, atmósfera, esos). Un accidente y me agarraste trabajando aquí, generalmente nadie me ve.<br />
—Te creo. Por qué no. ¿Y qué estabas haciendo? –lo apreté, a ver si largaba información vital-. ¿Cuál es tu trabajo?<br />
—Rascar cielos –dice, y me muestra la palmeta.<br />
—¿Lo qué? -Exclamo, en el más puro estilo mersa.<br />
—Voy caminando, mirando el cielo. Encuentro, por ejemplo- una nube dormilona, que frena a las demás y si el patrón mira para acá y ve esto se enoja, no le gustan los cielos desprolijos. ¿Ves, por ejemplo, esa nube? – levanta la palmeta, parece medir; luego se sube a un banco de piedra, se estira (así y todo, no sobrepasa mi cabeza, pero él como si hubiera alcanzado el infinito) y mueve rápidamente la palmeta.<br />
—Le hice cosquillas, ¿viste cómo se rió?<br />
Miro la punta de la palmeta, el cielo encima de ella. Nada<br />
—No, tonto. Si te hago cosquillas en los pies, qué mirás para ver si se rie ¿la rodilla? Tenés que mirar allá, la cara ¿Ves? –señaló un punto indefinido en el espacio.<br />
—Estoy sin los anteojos –me excusé- ¿Eso es lo que estabas  haciendo antes de la tormenta?<br />
—Justamente. Era una nube gris, pesada, en medio de un cielo hermoso. Agarré la palmeta, le apunté a un punto sensible y le hice varias cosquillitas.<br />
—¿Y qué pasó?<br />
—Estornudó.  Ahora tengo que hacer un informe de descargo, para que no me descuenten del sueldo –suena algo así como un silbido y mágicamente aparece delante del querubín una cajita brillante. Rápidamente la incorpora a su “celular”, el que destella un rato.<br />
—Bueno, me tengo que ír. Tengo que bañar un océano, en otro lado. ¿Vos conocés a los querubines que trabajan en el Paraíso? Dicen que tienen una Obra Social muy eficiente. En el Olimpo no, todos son dueños, la desorganización es total. Si te enterás de alguna oportunidad avisame.<br />
—¿Cómo? –balbuceé.<br />
Como hice yo. Agarrá una nube y dale palmadas rápidas, por un ratito. –Tomó mi celular, lo desarmó, lo armó y me lo devolvió-. Tomá, cuando escuches este cantito –parecía la música de La Farolera- soy yo que te llama. Adiós.</p>
<p>Su figura se disolvió en miles de partículas, que brillaron un momento,  y luego desaparecieron entre chisporroteos.<br />
Seguí caminando. Debo apurarme. Tengo muchos expedientes para archivar. Si me atraso voy a tener que trabajar el sábado. Estoy juntando francos para, este verano, ir, no sé, a Concordia, a conocer algo, otros sitios.</p>
<p>  <em>© Carlos Adalberto Fernández</em>  </p>
<br />Posted in General  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/cadal.wordpress.com/187/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/cadal.wordpress.com/187/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/cadal.wordpress.com/187/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/cadal.wordpress.com/187/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/cadal.wordpress.com/187/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/cadal.wordpress.com/187/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/cadal.wordpress.com/187/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/cadal.wordpress.com/187/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/cadal.wordpress.com/187/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/cadal.wordpress.com/187/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/cadal.wordpress.com/187/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/cadal.wordpress.com/187/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/cadal.wordpress.com/187/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/cadal.wordpress.com/187/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=cadal.wordpress.com&amp;blog=1606676&amp;post=187&amp;subd=cadal&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>La familia primero</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Feb 2009 17:12:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cadal</dc:creator>
				<category><![CDATA[honores, rencores]]></category>

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		<description><![CDATA[  LA FAMILIA PRIMERO     La abuela estaba a los gritos. —¡No nos fallés, otra vez! —otra vez, dijo. Siempre lo decía. A todas les decía, otra vez. Torpes, ineptas, cobardes —cuántas cosas más les decía—, cómo esperar algo de ellas. Las puteaba a todas, sin distinción. A sus hijas -sea Manuela o Rosa- [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=cadal.wordpress.com&amp;blog=1606676&amp;post=150&amp;subd=cadal&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2><strong><em><span> </span></em></strong></h2>
<h2><strong><em><span>LA FAMILIA PRIMERO</span></em></strong><span></span></h2>
<p class="MsoNormal"><span> </span></p>
<p class="MsoNormal"><span> </span></p>
<p class="MsoNormal"><span>La abuela estaba a los gritos.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>—</span><span lang="ES">¡No nos fallés, otra vez! —otra vez, dijo. Siempre lo decía. A todas les decía, otra vez. Torpes, ineptas, cobardes —cuántas cosas más les decía—, cómo esperar algo de ellas. Las puteaba a todas, sin distinción. A sus hijas -sea Manuela o Rosa- o a Jacinta, su nieta.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">Pero hoy estaban seriamente asustadas, todas. Ni qué decir Rosa, que era la que no debía fallar. “Hicimos todo lo posible para mantener la familia Palacios unida&#8230;”. “¿Què familia?”, se burlaba la abuela. Cuatro mujeres incapaces de hacerle los ratones a un macho de segunda mano, así decía ella. Tener familia sin macho es como arar sin animal de carga. Todo difícil, trabajoso, sin placer.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">—Cuando las tuve a Uds. era otra época. Una vez que caí, como una estúpida, sola, con una panza alcahueta, ya tenía el destino marcado. Miren que luché, no busqué galanes ni guerreros, con qué, no, me mostré todo servicio, 24 horas, guardiana de un hogar, para qué; terminé cansada y para colmo con otro crío. Está bien, fui una retrasada, no una calentona, si esas porquerías nunca me gustaron, pero era el precio a pagar en un mundo de machos. Pero nadie me advirtió, y en esos tiempos la mujer que perdía ya no volvía a la competencia.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES"><span> </span>–Es el libreto de todos los días –susurraba Manuela-. Necesita convencerse, limpiarse de culpas, escapar de las miradas acusadoras que le extinguen las ganas de vivir.. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">— Pero con Uds. no –ahora venia la segunda parte, la de pasarles toda la culpa-. Las eduqué, les enseñé, las preparé, les disimulé la miseria y el hambre, si parecían las Anchorena. Pero ¡Fa! Otro bombo. Las creí ya adultas, les delegué responsabilidades, para qué, para que tiren la chancleta en la primera oportunidad. Ahora, más bocas para comer, más vergüenza para esconder. Tuvimos que cambiar el juego, montar otra escena para el público. Mostrar poco, ocultar casi todo. Todas perdimos, no sólo la Jacinta, tan chica, sin comprender, sin aceptar el sacrificio.<span>  </span>Y así quedamos, con la última alternativa: todas las luces apuntando a Rosa, la más joven, la más mentirosa, aunque tal vez también la más tonta. Mudarnos adonde no nos conocieran. Pero no nos quedaba otra. A agachar la cabeza y seguir. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">—Y ahora… No sé qué te vio el Reinaldo ése, pero hay que agarrarlo antes de que se le vaya la borrachera. Así que afilate los colmillos.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES"> </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">Rosa, pálida, crispada, de todos modos parecía haber juntado fuerzas. No eran las palabras de su madre –que generalmente sólo lograban deprimirla más- Se hablaba sola, agitaba el puño, se envalentonaba. Se fue, sin saludar, sólo una mirada, buscando los ojos de Jacinta, no se sabe si preguntaba o decía algo.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">Manuela, de piedra. Hacía años que veía la vida desde los tablones. Nunca pudo </span>disimular esa tosquedad de modales que pronto la distanciaron en la competencia por la conquista del macho protector. Cuando la abuela reasignó funciones: Manuela se recluyó definitivamente fuera del escenario de la vida, con Jacinta, cuya presencia no aportaba a la imagen que las Palacios debían ostentar en todas las vidrieras</p>
<p class="MsoNormal">Jacinta recuerda ese pasado, los momentos –pocos, subrepticios- en que, a escondidas de la abuela, compartía frustraciones con Rosa.<span>  </span>Jugaban a que no había pasado y podían ignorar el futuro. Terminaban abrazadas, igualando soledades. Manuela nunca participaba. Vacía de esperanzas, cualquier futuro le era indistinto. Ya no le quedaba nada por perder, ni estaba en condiciones de ganar nada.</p>
<p class="MsoNormal"> </p>
<p class="MsoNormal" align="center">§</p>
<p class="MsoNormal" align="center"> </p>
<p class="MsoNormal">— ¡Me caso, mamá! ¡Reinaldo me pidió matrimonio! –Rosa se mostraba excitada, desbordada de emociones. El casamiento, claro. Armar, por fin, una familia, se cumplía el sueño<span>  </span>de su madre, de todas, seguramente.</p>
<p class="MsoNormal" align="center"> </p>
<p class="MsoNormal" align="center">§</p>
<p class="MsoNormal"> </p>
<p class="MsoNormal">Esa noche las cuatro mujeres se reunieron, en una ronda expectante, tensa.</p>
<p class="MsoNormal">— Pensé que<span>  </span>iba a venir Reinaldo –observó la abuela-. Hubiera correspondido…</p>
<p class="MsoNormal">— A mi futuro no le pareció necesario poner en discusión temas que él y yo resolvimos en estos días. No lo comenté antes para evitar tensiones y<span>  </span>no adelantarse. Me caso en un mes. Uds. se instalarán en la vieja casa de Chascomús. Con Reinaldo arreglaremos todo para facilitar su traslado e instalación. Periódicamente las visitaremos. Viviremos en paz.</p>
<p class="MsoNormal">Doña Aída palideció. Ella siempre tomó su lucha como una odisea personal. El triunfo sería su triunfo. Pero no. No era su triunfo, era el de Rosa. Ella se liberaba, o al menos cambiaba de régimen de esclavitud. De la mano de ese hombre –qué importaba no sentir por él, ni remotamente, el vértigo que la arrastró con Ramón- dejaba de subordinarse a la autoridad materna. <span> </span></p>
<p class="MsoNormal">Doña Aída se sintió abruptamente anciana. No volvió a opinar ni discutir. Le pareció notar en Rosa destellos de satisfacción.</p>
<p class="MsoNormal"> </p>
<p class="MsoNormal">Manuela no se inmutó. Estaba allí, pero su muerte ya era antigua. Alguna vez el amor –la ilusión de amor- estuvo a punto de iluminar las sombras de su espíritu. No fue. Su propia madre se lo impidió. Quería algo mejor para ella (eso fue cuando Manuela florecía y su madre soñaba). Pero Manuela se agostó rápidamente, en la agonía de un amor que no llegó a ser, que nunca volvió.</p>
<p class="MsoNormal">Sólo Jacinta participó de la celebración. En silencio, claro. No tenía qué reprocharle a Rosa, qué otra cosa hubiera podido hacer ella. Quién sabe cuantas más concesiones debería hacer en el futuro. Todo por la familia.</p>
<p class="MsoNormal"><span> </span></p>
<p class="MsoNormal">Se iban a ver, seguro,<span>  </span>Rosa y ella, cada tanto. Pero ya no podrían jugar, como antes. Ya nunca más podría decirle –ni en secreto- mamá.</p>
<p class="MsoNormal"><span><span> </span></span><strong><em><span></span></em></strong></p>
<p class="MsoNormal"><strong><em><span><span>                                 </span><span>   </span>© Carlos Adalberto Fernández<span style="text-decoration:underline;"></span></span></em></strong></p>
<p><a href="http://www.safecreative.org/work/0904193091916" rel="cc:license"><img></a></p>
<p class="MsoNormal"><span> </span></p>
<br />Posted in honores, rencores  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/cadal.wordpress.com/150/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/cadal.wordpress.com/150/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/cadal.wordpress.com/150/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/cadal.wordpress.com/150/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/cadal.wordpress.com/150/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/cadal.wordpress.com/150/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/cadal.wordpress.com/150/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/cadal.wordpress.com/150/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/cadal.wordpress.com/150/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/cadal.wordpress.com/150/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/cadal.wordpress.com/150/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/cadal.wordpress.com/150/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/cadal.wordpress.com/150/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/cadal.wordpress.com/150/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=cadal.wordpress.com&amp;blog=1606676&amp;post=150&amp;subd=cadal&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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